Me insistió en que teníamos que juntarnos a mirar el puente desde su ventana, porque parecía un cuadro de Brueghel. Era una excusa simpática, refinada y poco esforzada que, de seguro, yo iba a aceptar. «Ves que parece un cuadro de Brueghel… O sea, Brueghel nunca pintó un cuadro pero…», se entiende, asentí. Se veía el puente desde una perspectiva tan amplia que podía compararse su tamaño en relación con otros puentes que no eran tan cercanos. Y, efectivamente, las pocas personas que lo cruzaban, arropadas y con paraguas de manera preventiva, parecían los típico muñequitos de Brueghel. «Son pesimistas», me dijo, «No va a llover, acá nunca llueve». Puso un disco de Siouxie. It never rains We’ve come to scream in the happy house We’re in a dream in the happy house We’re all quite sane Estaba a punto de llover: las nubes oscuras, que uno imagina cargadas de agua como si fuesen esponjas flotantes, se sumaban al viento tibio que incita a ponerse un chaleco que nos haga parecer insignificantes...