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Spinoza


Lo que Spinoza escribió sobre Dios ha sido malinterpretado como una especie de “ateísmo”. Nada más impreciso que eso. Lo que el filósofo neerlandés hizo no fue más que seguir su propia regla: una vez encontrada la verdad, no se puede hacer otra cosa que ir corriendo hacia ella, de manera alegre y sin excusas. Una regla que, lejos de ser inventada, es descubierta: una vez descubierto que todo es Dios, el panteísmo se convierte en una teoría de la puesta en escena. Todo lo que Spinoza hizo fue poner en escena lo que Dios puede, mediante su propia vida y en sus propios actos.

Cuando un otro judío lo apuñaló en el rostro, tal como cuando fue expulsado de la comunidad judía por su iracundo rabino, o del mismo modo que se resignó a reacomodar sus gastos una vez que un amigo se negó a pagarle una deuda, Spinoza ponía en la escena del mundo lo que Dios puede: él mismo es Dios. No es un representante de Dios, ni una expresión imperfecta del mismo, sino Dios en persona. Que Dios sea el Mundo, pone en escena una idea fundamental para Spinoza: que el mundo puede lo que cada uno de nosotros puede; que cada acto de injusticia, venganza y perdón es la expresión perfecta de la justicia que el Mundo puede soportar en sus gestos.

«Conócete a ti mismo»: la forma de conocer el mundo es ética, consiste en interpretar el Mundo. Interpretar el Mundo significa actuar como si fuésemos él. Interpretar es la forma en que se pone en escena una idea simple: ¡Somos el Mundo! Todo lo que soy, lo es el Mundo, lo es Dios. 

No se trata de disolvernos en un océano infinito llamado Dios. Nada más impreciso que eso. Se trata más bien de algo parecido a la relación entre un microscopio y un telescopio: ni lo muy pequeño ni lo muy distante es inexistente, sólo requiere de la lente correcta para aparecer o desaparecer.

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